Factor de fe

Me tocaba ir a la universidad a tomar la única clase que tomo presencial en mi último semestre (yaaas, ¡por fin!) y salí temprano, lo suficiente temprano para decir “No quiero llegar a casa ahora, déjame tomar un tiempo para mí.” Recordé que había un “Coffee Shop” que me habían recomendado varias amistades y me tiré la misión de encontrarlo. Llegué y compré mi cafecito con miedo a que no me hiciera daño (hay algunas marcas de café que me provocan taquicardia)

Ya que tenía tiempo de más lo aproveché para preparar una predicación que estaría llevando en la confra esa semana y tenía la idea de hablarles sobre la parábola de la mujer del flujo de sangre (Marcos 5:21-43). Todo comenzó por una inquietud de llevar esta palabra a mis chicos, pero sentí en mi corazón la necesidad de compartirlo contigo.

Primero que todo, déjame decirte que el propósito de Jesús no era el sanar a esa mujer, sino sanar a la hija de Jairo (Marcos 5:23) Esta mujer encontró a Jesús en su peor momento, había intentado todas las opciones que tenía a su alcance, pero hubo algo que provocó que esta historia cambiara: su fe.

“Si tan solo tocare su manto” era lo único que pasaba por su mente. Si tuviéramos una regla, ¿Podíamos medir su fe? ¿Cuán grande era la fe de esta mujer para solo conformarse con tocar el manto de Jesús? ¿Cuántos intentos fallidos tuvo para darse cuenta que solo su fe la podía salvar?

Mientras preparaba la predicación me sentí identificada con esta mujer. Trataba de imaginarme el miedo que ella tenía al irse acercando a Jesús para recibir su milagro, ¡justamente el mismo miedo que tuve cuando tomé mi primer sorbo de café! De la misma forma que todos conocemos el final de la historia, déjenme decirles que el café no me dio taquicardia. Nunca iba a saber si me haría daño o no, pero si no ponía mi fe a prueba nunca lo iba a saber. Igualmente podemos llegar a la conclusión de que Jesús hizo el milagro, pero esta historia no hubiera sucedido por un factor común: el factor de la fe.

Hay veces que en nuestra postura como cristianos nos privamos de hacer cosas por miedo a que nos salgan mal. Por mucho tiempo estuve en esta situación, no me aventuraba a hacer cosas nuevas en mi vida espiritual porque creía que no le agradarían a Dios. Me atrevería a decir que, gracias a este paso de fe, comenzó el movimiento de Shout It. Dios puso un deseo de hacer videos en mi corazón, pero no entendí a capacidad el por qué y comencé a hacer videos de videojuegos. Luego Dios me reveló lo que quería hacer en el canal y aunque no sabía mucho sobre edición de videos y crear contenido para las redes sociales, caminé en fe y dejé que Dios dirigiera mis pasos. Ese es el factor de la fe: Permitir que Dios tenga control de nuestras vidas a pesar de que nosotros no veamos hacia donde estamos caminando y, sobre todo, confiar en que todo estará bien.

La fe es un arma poderosa en la vida de un cristiano, nos acerca a Dios y saca nuestro mayor potencial en los momentos más difíciles. Hoy quiero invitarte a que, si crees que tu fe no está al nivel de esta mujer, que salgas de tu zona de confort y comiences a experimentar una vida dependiendo totalmente de las cosas brutales que podemos vivir cuando caminamos con el factor de la fe.

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