#Goals

En el trabajo conocí a un muchacho  que es amigo de los dueños. Mientras hago las tareas del día, podía escuchar lo que hablaban, era una persona positiva y con una energía inigualable. Comenzamos a hablar y todo terminó cuando Dios me dió una palabra a través de el, sin conocernos, pero solo Dios y yo sabíamos que era algo que necesitaba.

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Factor de fe

Me tocaba ir a la universidad a tomar la única clase que tomo presencial en mi último semestre (yaaas, ¡por fin!) y salí temprano, lo suficiente temprano para decir “No quiero llegar a casa ahora, déjame tomar un tiempo para mí.” Recordé que había un “Coffee Shop” que me habían recomendado varias amistades y me tiré la misión de encontrarlo. Llegué y compré mi cafecito con miedo a que no me hiciera daño (hay algunas marcas de café que me provocan taquicardia)

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Razones Correctas

Hace unas semanas se me presentaron unas oportunidades realmente buenas. Algunas de las personas que me ofrecieron ser parte de sus proyectos me decían que era buena idea aceptarlas. Algunas de sus razones eran que podía ser más expuesto, que más gente podría conocerme, que mi nombre estaría en varios lugares y que a mi trabajo aumentarían las vistas.

Inmediatamente hubo un choque de pensamientos en mi mente. No acepté esas ofertas. No eran las razones correctas. No podía pensar y hacer todo para que me conocieran, ese no debe ser mi enfoque como cristiano. 

Tengo varias preguntas para ti, querido lector:

¿Por qué haces lo que haces? ¿Para quién lo haces? ¿Son las razones correctas? ¿Haces cosas para Dios o para que te vean? ¿Simplemente todo es para ser expuesto? ¿Quieres que te conozcan a ti o que conozcan a Cristo? 

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.” (Mateo 5:14-16)

En esos versículos que acabas de leer, Jesús nos enseña que somos la luz del mundo, una luz que alumbra a todos, para que todos vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a nuestro Padre Celestial. No dice que alumbremos para que nos vean o nos elogien, dice para que todos glorifiquen a Dios. 

Recientemente subí una foto a mis redes sociales en la cual había una lámpara y sobre ella estaban las ramas de un árbol realmente hermoso. Pregunté a la gente que viera la foto: ¿qué piensas al verla?

Una persona me respondió: “Lo que se supone que todo cristiano sea, la luz del mundo. Así se nos describe, deja mucho para meditar, ¿son los cristianos luz siempre o en ocasiones?”

Esa foto me hizo pensar que debemos ser luz, pero que siempre esté su presencia sobre nosotros y nos arrope, como ese árbol, imponente y grande. Está la lámpara, y el árbol sobre ella arropando todo alrededor, nuestra vida debe ser de esa manera también. 

¿Su presencia te arropa? ¿Su presencia está sobre ti? ¿Todo lo que haces es para que la gente glorifique a Dios? ¿Quieres ser conocido o que conozcan a Cristo? ¿Haces todo con las razones correctas?

Bendiciones

Lito Alicea

© 2017 José Alicea http://www.litoalicea.com 


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